Si tiene una masa sospechosa en la vesícula biliar o el conducto biliar, es importante que un experto en cáncer lo evalúe antes de tomar cualquier otra decisión. Una biopsia puede ser innecesaria y puede haber riesgo de diseminación de células cancerosas.
Los cánceres de vesícula y de los conductos biliares son difíciles de detectar en una etapa temprana por varias razones: los síntomas suelen ser vagos y se parecen a los de otras enfermedades; la vesícula y los conductos biliares están ocultos debajo del hígado; y aún no se han desarrollado pruebas de detección para detectar el cáncer antes de que aparezcan los síntomas. En muchos casos, estos cánceres se detectan de manera incidental, como resultado de exploraciones por imágenes u otras pruebas realizadas por otro motivo, o de una cirugía para extirpar cálculos biliares.
En ocasiones, el diagnóstico no es claro a partir de las pruebas de diagnóstico por imágenes y de laboratorio, y aun así es necesaria una biopsia, que puede ser realizada de manera segura por nuestros radiólogos intervencionistas capacitados. Para confirmar su diagnóstico, evaluar el estadio de la enfermedad y planificar el tratamiento adecuado, es probable que le realicen uno o más de los siguientes procedimientos:
Pruebas de función hepática
Los niveles sanguíneos de sustancias producidas por el hígado superiores a lo normal pueden indicar problemas hepáticos que pueden ser causados por cáncer de vesícula biliar o de los conductos biliares.
Pruebas de marcadores tumorales
Las cantidades de ciertas sustancias se miden en muestras de sangre, orina o tejido. Los niveles elevados de antígeno carcinoembrionario y CA 19-9 se asocian con cánceres de vesícula y conducto biliar.
Colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE)
Esta radiografía de los conductos biliares puede revelar si el cáncer de vesícula biliar o de los conductos biliares ha estrechado o bloqueado los conductos. Se pasa un tubo delgado e iluminado (endoscopio) a través de la boca, el esófago y el estómago hasta la primera parte del intestino delgado. Un tubo más pequeño (catéter) insertado a través del endoscopio hasta los conductos biliares administra un medio de contraste a los conductos y se toma una radiografía. Si los conductos están bloqueados, se puede insertar un tubo fino para desbloquear el conducto o colocarlo (como un stent) para mantener el conducto abierto. Se puede realizar una biopsia de tejido durante este procedimiento.
Ultrasonido Endoscópico (EUS)
Se introduce un tubo delgado e iluminado (endoscopio) a través de la boca y el estómago del paciente hasta la primera parte del intestino delgado. En la punta del endoscopio hay un dispositivo de ultrasonido. El médico retira lentamente el endoscopio desde el intestino hacia el estómago para obtener imágenes de la vesícula biliar y el conducto biliar, así como de los órganos y tejidos circundantes. Es posible que se tome una biopsia durante este procedimiento para confirmar el diagnóstico.
Colangiografía transhepática percutánea (CTP)
Se introduce una aguja fina a través de la piel debajo de las costillas para inyectar un medio de contraste en el hígado y se toma una radiografía. Si se encuentra una obstrucción, se coloca un stent en el hígado para drenar la bilis hacia el intestino delgado o hacia una bolsa recolectora fuera del cuerpo.
Examen de ultrasonido
Las ondas sonoras de alta energía (ultrasonidos) rebotan en los tejidos u órganos internos y forman ecos. Los ecos forman una imagen de los tejidos corporales llamada ecografía.
Tomografía computarizada angiográfica (TC)
Una computadora conectada a una máquina de rayos X toma una serie de imágenes de alta resolución y muy detalladas de áreas internas del cuerpo, tomadas desde diferentes ángulos. Se puede inyectar un tinte en una vena o ingerirlo para ayudar a que los órganos o tejidos se vean con más claridad.
Imagen de Resonancia Magnética (MRI).
Un potente imán, ondas de radio y una computadora se combinan para crear imágenes detalladas de áreas internas del cuerpo. Este procedimiento también se denomina resonancia magnética nuclear (RMN).
Colangiopancreatografía por resonancia magnética (CPRM)
Imágenes por resonancia magnética en las que se inyecta un tinte en la zona de la vesícula biliar para que la vesícula y los conductos biliares se puedan ver con más detalle en la imagen. Para crear imágenes detalladas de los vasos sanguíneos cerca de la vesícula biliar, el tinte se puede inyectar en una vena, lo que se denomina angiografía por resonancia magnética (ARM).
Biopsia por aspiración con aguja fina (AAF)
Se inserta una aguja fina en la vesícula biliar, el conducto o el ganglio linfático durante una radiografía o una ecografía para extraer una muestra de células o tejido para examinarla con un microscopio y comprobar si hay signos de cáncer. La biopsia se puede realizar durante una colangitis espongiforme percutánea o una colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE).
Laparoscopia
Se realizan pequeñas incisiones en la pared abdominal y se inserta un tubo delgado e iluminado (laparoscopio) para permitir al médico ver la vesícula biliar y los conductos, evaluar los tejidos cercanos, tomar biopsias o extraer tejido u órganos.